
Sorprende mucho en este país lo
que está ocurriendo con los casos de corrupción que aparecen en el seno de la
filas del Partido Popular y sobre todo con el tratamiento que desde la
dirección Popular se le da a cada uno de ellos. A Rita Barberá, exalcaldesa de Valencia la convirtieron en
senadora cuando ya estaban abiertas las investigaciones por presunta corrupción
en Valencia, con lo que pronto empezaba el PP a incumplir su promesa de reducir
los aforamientos y limitar la competencia de los tribunales superiores para
juzgar a cargos públicos. Contrasta el interés por Barberá con la imputación
por el juez de 9 de los 10 concejales del PP en el Ayuntamiento valenciano,
junto con una veintena de sus asesores, en un asunto de blanqueo de capitales.
La actitud de Barberá es un claro
desafío a su partido, e incluso un pulso a Mariano Rajoy, que queda en una mala
posición con vistas a volver a presentarse a la investidura como presidente del
Gobierno en una segunda votación. Todos los intentos del PP por dar una imagen
de regeneración política han saltado por los aires en los últimos días. Aunque Ciudadanos
se siente satisfecho con haber logrado
que la exalcaldesa se haya dado de baja en el PP, y como hemos podido ver en
todos los medios de comunicación, ha afirmado que con su salida del partido,
aunque mantenga su escaño en el Senado y siga aforada, se cumple el pacto
anticorrupción que firmó con el PP en agosto, previo al acuerdo por el que
apoyó la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno.
Mariano Rajoy ha perdido una
buena ocasión de demostrar que pretendía cambiar algo cuando aseguraba que en
su partido “ya no se pasa ni una”. Lo cierto es que el asunto de la presunta
corrupción valenciana está recibiendo el mismo tratamiento que otros casos
anteriores: negarlo todo y utilizar los recovecos legales posibles para dilatar
todas las explicaciones. La dirección del Partido Popular podría haber actuado
con mayor celeridad. Bien está que Rajoy, a quien Barberá echó un capote en
horas difíciles, correspondiera y la regalara con variados elogios, acaso
hiperbólicos. Pero la sensación que se lleva el ciudadano es que el PP, partido
enredado en demasiados casos de corrupción, y que se enfrenta por ello a un
otoño judicial terrorífico, no ha actuado, ni mucho menos, con la contundencia
que sería deseable.
Ahora, necesariamente, el PP
tendrá que escenificar un desmarque muy rotundo de una de sus alcaldesas más representativas
durante lustros. En teoría, bastaría con recordar que Barberá ya no pertenece
al Partido Popular cada vez que la oposición esgrima el caso Taula como arma electoral.
Pero en la conciencia colectiva no será así. En cierto modo, es un sacrificio a medias del que
seguramente con el trascurrir del tiempo sabremos porque fue así y no de otra
forma y porque Rita no se fue del todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario