
España
vuelve a ser un serio problema europeo. Un gran interrogante se cierne sobre la
gobernabilidad del quinto país más poblado de la Unión, en un momento
extremamente delicado para la cohesión del proyecto sellado en Maastricht
(Holanda) en 1992. España vuelve a estar bajo atenta observación internacional.España
se ha convertido en el nuevo eslabón débil del Sur de Europa, y es que el Pacto
de Estabilidad de la Unión Europea (déficit público anual inferior al 3% del
PIB, deuda pública acumulada inferior al 60% del PIB) y un Banco Central
Europeo (BCE) independiente que no financia directamente a los Estados, deja en
manos de los mercados de capital especulativos a las administraciones públicas
con necesidades de financiación. Los bancos privados siguen enganchados a la
barra libre de liquidez del BCE, las PYMES y familias continúan sin acceso
fácil al crédito para impulsar la economía real no especulativa.
Llegados
a esta tesitura, vemos como el Presidente en funciones del gobierno, promete
más recortes a Bruselas, a partir del segundo semestre de 2016, de tal manera
que ya habrá pasado la marea de las elecciones y si todo sale como las
encuestas apuntan, el PP, habrá podido formar gobierno, lo más seguro que con
el apoyo de Ciudadanos, que se lo dará sin remilgo
alguno, a pesar de todo lo que puedan estar diciendo en toda la precampaña y
campaña electoral.
Por
todo ello va haber un aumento del IVA, también del IBI, si no sube antes, y
recortes importantes de gasto público. Las pensiones, por ejemplo. En dos años
y medio nos hemos comido 20.000 millones del fondo de reserva. A este ritmo,
queda para tres años. O pasa un milagro o hacia 2018 va a haber que hacer
recortes en pensiones porque es gasto público. Los recortes sí o sí van a
continuar. Y esto no lo puede negar hasta el 26 de junio Rajoy, para
inmediatamente pasadas las elecciones tenga que coger papel y lápiz y anote los
dictados económicos que le ordena y manda Bruselas.
No
hay plena conciencia ni conocimiento a nivel de la población de que los
recortes de gasto público, incluyendo de gasto público social, son resultado
del enorme poder de lo que se llamaba antes la clase capitalista sobre sus
instituciones políticas y mediáticas. Esta clase ha adquirido unos beneficios
extraordinarios como consecuencia de unas políticas fiscales que les han
permitido alcanzar unos niveles muy elevados de riqueza, a costa de empobrecer
al Estado, el cual, a fin de cubrir los déficits públicos, resultantes de la
merma de ingresos como consecuencia de los beneficios fiscales a los miembros
de tal clase capitalista, están recortando y recortando el gasto público,
incluyendo el social.
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